LA CULTURA HA MUERTO

on viernes, 4 de diciembre de 2009

El autor Pedro Angel Palou nos expone su punto de vista en la conferencia "Bienvenidos los bárbaros", en el Festival Internacional de Puebla, del ultimo libro de diagnostico de literatura de Alessandro Baricco. De este renombrado escritor (Palou) únicamente he leído un sólo libro hace como un año, que se llama "Morir es nada", y aunque no es tan intenso como Francisco Martín Moreno, también es investigador histórico y así mismo nos muestra un país (por lo poco que he leído de él) donde la historia presentada por algunos, ( a mi muy personal punto de vista el gobierno priista) es muy falsa en cuanto a los padres de la patria se refiere.
Pero volviendo a la conferencia mencionada, les transcribo un fragmento donde nos habla de la cultura, a ver ustedes que opinan al respecto y si están de acuerdo con este novelista.
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"El silencio y el horror al vacío vuelven locos a los bárbaros y lo llenan con balbuceos sin sentido, porque se ha acabado en el sentido mismo de final o de finalidad. Baricco, de nuevo, realiza el diagnóstico con precisión: lo que consumen los bárbaros son sólo secuencias de sentido que producen movimiento, secuencias de sentido cuyo sentido, sigo con las mismas palabras, ha sido generado en otra parte. ¿Por qué funcionan libros como El Código Da Vinci o Crepúsculo o Harry Potter? Porque los códigos de interpretación del libro -sus instrucciones- están fuera del libro. Si alguien leía a Faulkner necesitaba, literalmente, toda la literatura para comprenderlo. Con Stephanie Meyer no es necesario, siquiera, haber leído un libro para comprenderla. De la misma manera en que se necesitan conocimientos de enología para comprender y paladear un Cabernet de Robert Moldavi. Funcionaban porque son libros que no son libros.
Después de la lápida que he dejado en el párrafo anterior yo mismo necesito un respiro. El libro es para los bárbaros es una fuente de energía que proviene de otras narraciones y desemboca en otras narraciones, no en la literatura. La literatura y la cultura han muerto, y hay que enterrarlas. Otro tanto podríamos decir de los museos.

Nunca tanta gente los visitó como ahora; van a ellos a tomar foto -la fotografías es otra forma extendida de sustitución del contacto con lo real-, a comprar cultura. Los cuadros no importan. La Mona Lisa, la Victoria Alada o la Venus sustituyen toda la cultura depositada en los miles de otros cuadros y objetos inútiles para la guía o el tour, si ponemos sólo como ejemplo el Louvre. Y después la tiendita del museo -o las tienditas, una en cada, piso, una después de cada highlight-, donde me puedo llevar, empaquetada, mi experiencia en forma de camiseta, paraguas, corbata o postal. Consumí el museo, no lo experimenté, porque los bárbaros no consumen realidades completas, todo en la cultura es un mero pretexto para producir movimiento.
Ya nada tiene valor en sí, el valor es la secuencia. No son libros, no son cuadros, no son vinos, son segmentos de una secuencia más amplia, escrita en los caracteres de la lengua del Imperio, que “a lo mejor se ha generado en el cine, ha pasado por una cancioncilla, ha desembarcado en televisión y se ha difundido en internet”. Ya nada tiene valor en sí mismo, lo único que tiene valor es la secuencia.
Pero no lloremos, no nos rasguemos las vestiduras. No hay alternativa. Todos somos mutantes, todos hemos sido contagiado por los bárbaros. Y todo ha sido contagiado por ellos -en mayor o menor medida-. Éste es un mundo que evoluciona, como un servicio. Lo importante no es quedarnos en la nostalgia de un pasado que no volverá. No: lo importante es decidir individualmente qué queremos llevarnos del pasado a ese mundo nuevo que nos ataca por todos lados, que nos cerca y al que inevitablemente pertenecemos. Y si eso que nos llevamos perdura no es porque se siga pareciendo a lo que era antes de la mutación, no: sobrevivirá sólo si puede mutar exitosamente. Yo mismo, en una comida reciente, he dejado de ser escritor -y comía con mi editor-, para pasar a ser un proveedor de contenidos. Lo curiosos es que otro editor, recientemente, me comentó que las primeras páginas de mi última novela había que modificarlas porque eran muy literarias. Y yo que creía que escribía literatura, hasta ese día crucial en que me contemplé las escamas y las branquias detrás de las orejas y me supe mutante.
Y supe, claro, que la literatura estaba bien muerta y enterrada. No manden flores."